Mi relación con la fotografía surge después de mi veneración a la palabra. Poder expresar a partir de ella hechos, experiencias vividas y sentidas, así como también esa parte de lo invisible, lo que no se muestra, a través del poder críptico, a veces camaleónico, de la imagen poética, es lo que me ha hecho utilizarla como lenguaje y herramienta narrativa desde que la conozco.

Desde lo documental, la investigación profunda y radical (la que va a la raíz de las cosas) me sirve para contextualizar mis reportajes humanísticos. Hace tiempo que decidí (after Susan Sontag y Vilem Flusser) que no fotografiaría a personas si esa acción mía de fotografiarles no iba a servir a su causa. Tengo un dilema moral con el uso colonial y capitalista de la imagen del otro.

He participando activamente en procesos sociales, asamblearios y cooperativos, he escrito y leído ensayo y ahora tengo varios proyectos abiertos relacionados con las experiencias políticas vividas en mi país, en Bosnia, en Francia y en Sudamérica. De ahí surgen las series “Sudamérica, presente”, “Mostar y el regreso”, “Itoiz” y “L´Atelier”, que han evolucionado en los últimos años desde una mirada curiosa a otra más crítica. Esas imágenes representan mi lado reivindicativo, mi actitud de lucha y denuncia, pero desde la construcción y la esperanza, mostrando realidades que contrastan con la homogeniedad y unidireccionalidad de la verdad que mienten tan bien los medios masivos.

He experimentado con algunas construcciones personales en torno al paisaje y la abstracción. También con la poesía visual y el videoarte. Pasé un tiempo buscando el agua, realizando ensayos fotográficos en torno al concepto de la sed, en el desierto, en el mar, en las cortezas de eucaliptos. Nacieron de ahí “Para la sed”, “El agua en venus” y “Midriasis” o “Medio lleno” y “Fotopoemas”, series que se encuentran en esta línea conceptual y hablan sin hablar de todo lo que viví en una etapa importante de mi vida.

Ahora me interesa la fotografía participativa y la fototerapia. Hay dos trabajos, “Márgenes” y “Entre sin llamar”, en los que Investigo, hacia afuera, el proceso de gentrificación de mi barrio, a través de técnicas de mapeado y procesos comunitarios y, hacia adentro, a mi familia, su cuerpo, el mío propio, la enfermedad, nuestros puntos débiles y fuertes, nuestra evolución en los últimos diez años como individuos y como ese núcleo social homogéneo que hoy día es tan difícil conformar. Poder decir en una sola pieza todo lo que no he dicho en estos últimos años supone para mi un reto y a la vez un proceso en el que estoy deseando bucear.

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